Responsabilidad social cibernética: no nos dejemos engañar

La llegada de internet ha puesto en jaque el concepto de difusión. Si bien, antes el control de las informaciones la manejaban los Medios de Comunicación tradicionales, hoy nos vemos envueltos en un escenario completamente diferente.

La credibilidad de las difusiones se ha trastocado desde lo más profundo y hoy es la web la que ha desfigurado en términos genéricos al periodismo nacional e internacional.

¿Qué es lo que ha provocado que colegas publiquen mentiras o informaciones tergiversadas en blogs online?
Primero, que existan estos últimos.

Es relevante mencionar que, los receptores siempre deben diferenciar cuando un medio online es establecido y cuando no. Los blogs de baja categoría usualmente tienen redacciones de formato para periodístico (o sea, casi periodístico), pero cuyas investigaciones son de baja o nula realización.

Este tipo de medios, si es que se les puede llamar así, han confundido a cientos de lectores online que no saben diferenciar una noticia real de otra que es falsa.


La capacidad de duda, en los tiempos de hoy, es lo que nos puede llevar a convertirnos en seres humanos inteligentes a la hora de informarnos.

No he sabido de alguna entidad magno que fiscalice para que los medios escritos de comunicación online sean de periodismo y no de para periodismo y que multen a los que no realicen la labor de forma honesta como lo hace, por ejemplo, el CNTV con los canales de todo el país.


Que estos medios no tengan precisamente un castigo y escriban en libertad no sería un verdadero peligro público a la imagen de muchos, si no fuera porque los lectores adquirieran la inmensa y necesaria habilidad en los tiempos de hoy de desarrollar la denominada capacidad de duda.


Con este concepto, no me refiero a no creer en las informaciones que promueven los medios de comunicación masivos, sino, de aprender a diferenciar y a ser usuario, por el bienestar de nosotros mismos, solo de aquellos medios realmente establecidos.

Sí, aquellos que tienen multas si publican mentiras, tergiversaciones o historias novelísticas con formato periodístico.


La segunda parte de esta columna, deja de lado la responsabilidad de algunos colegas que caen en redacciones online inadecuadas en medios online inadecuados, para irnos a la responsabilidad que tenemos todos como simples usuarios de las redes sociales del mundo.


No hay duda que la llegada de Facebook revolucionó al territorio completo. Se dice, según algunos estudios sicológicos, que el ser humano tiene como chip del subconsciente el mirar y ser mirado y desde esa perspectiva calza un poco que Facebook haya tenido un éxito de dimensiones estratosféricas, al igual que Instagram y Twitter.

Redes sociales que, a diferencia del simpático Tik Tok, promueven la conversación y redacción del usuario.

Sin embargo, las opiniones de carácter masivo de los consumidores de las redes pueden caer en contextos de informaciones escasamente pertinentes y que, poco o nada podrían contribuir a la sociedad, sino más bien confundirla.


Siendo las redes sociales un arma de doble filo, me permito mencionar que en ocasiones se convierten en un vómito de información que no se sabe de dónde viene, promoviendo carácteres de bajo nivel moral.


Desde este punto de vista es necesario destacar que, como usuarios de internet, tenemos dos responsabilidades que se convierten en nuestro menester: la primera, es diferenciar aquellos medios establecidos de los no establecidos y, la segunda, es dudar de aquellas informaciones que vienen de medios relativos o redes sociales.


Es solo la duda lo que nos llevará, realmente, al camino del verdadero acceso a la información. Tal como murió la farándula en nuestro país, porque los receptores dejaron de consumirla, también podremos matar al para periodismo, si dejamos de consumirlo.

No nos dejemos engañar.

Ivonne Sabag, Periodista

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